Sacro Imperio Romano Germánico

Sacro Imperio Romano Germánico (962 – 1806) fue uno de los más influyentes y poderosos en la historia, sobre todo para la cultura occidental. ¿Cómo se originó? ¿A qué se debe su nombre? ¿Qué consecuencias trajo?. ¡A continuación les daremos todas las respuestas y mucho más, acompáñenos!

Antecedentes ¹

La decadencia del Imperio Carolingio propició el fortalecimiento de los poderes regionales, en especial, los de los ducados alemanes enfrentados a la amenaza húngara. A comienzo del siglo X, el poder regional más significativo era el de Sajonia, dirigido por Enrique I (918-936). Tras la muerte de este, su hijo Otón I (936-973) pudo establecer la hegemonía sajona en lo que hoy llamamos Alemania. Por un lado, dicho dominio fue posible  gracias a que se prohibió a los duques transmitir en herencia el ducado, lo cual facilitaba la transmisión a los titulares de los condados en que cada ducado se subdividía. Por otro lado, fue clave la alianza con la Iglesia católica, ya que Otón I se convirtió en patrono de muchas sedes episcopales y, además, logró vencer sobre los húngaros en 955.

Estos eventos provocaron que el Papa, Juan XII, coronara emperador a Otón I en 962. De este modo, el Imperio se trasladaba de lo que hoy es Francia a Alemania. Vale recordar que el nombre de Sacro Imperio Romano Germánico hace referencia tanto al antiguo Imperio Romano como al Imperio de Occidente de Carlomagno.

El Imperio ²

Por un lado, es cierto que el Imperio fue sustentado por la iglesia ante la necesidad del Papa de contrarrestar el poder del emperador bizantino, el cual no se sometía bajo su autoridad. Por otro lado, también es verdad que se desarrollaron extensos periodos de enfrentamientos entre papado e imperio con el fin de establecer una hegemonía por cada una de las partes. A estos conflictos se los conoció durante la Edad Media como «la lucha entre los dos poderes»: el temporal (el del emperador) y el espiritual (el de la Iglesia).

Extensión del Sacro Imperio Romano Germánico
Extensión del Sacro Imperio Romano Germánico hacia el año 1181. Extraído de Enciclopediadehistoria.

El nombre, las fronteras y el poder del Imperio variaron mucho a través de los tiempos. Las jurisdicciones germánicas (ubicadas en la actual Alemania y Austria) fueron el principal núcleo del Imperio, aunque frecuentemente la unión entre los pueblos germánicos fue muy débil. El Imperio también comprendía las regiones de Bohemia y Moravia (Actualmente República Checa); el norte y centro de Italia (incluidos los Estados Pontificios) y finalmente llegó a anexar el reino de Borgoña y el ducado de Provenza en el Este de lo que hoy conocemos como Francia.

Los problemas con el Papado

Entre los principales conflictos entre Papas y emperadores, el más importante fue el llamado Querella de las Investiduras. En síntesis, esta trifulca surgió cuando el príncipe o emperador, Enrique IV, invistió a obispos e intentó designar al arzobispo de Milán dándole el anillo y el bastón que simbolizaban su poder. Vale recordar que durante la Edad Media, sobre todo en el periodo Feudal, los homenajes e investiduras eran rituales dónde se establecía un contrato de obligaciones recíprocas entre vasallos y señores.

El pontífice entendió que el emperador se había arrogado competencias que le correspondían la Iglesia, por lo que obligó a Enrique a desistir de su actitud y a hacer penitencia. Por su parte, el emperador reunió un sínodo que depuso al Papa Gregorio VII. Este respondió con otro que excomulgó al emperador y desligó a sus vasallos del juramento de fidelidad. Enrique IV vio peligrar su trono, desistió y se sometió al Papa haciendo una humillante penitencia en el castillo de Canossa.

Humillación de Canossa.
Obra de Carlo Emanuelle (año 1630) en donde representa la humillación del emperador Enrique IV delante del papa Gregorio VII en Canossa. Extraído de Wikipedia.

A pesar de este hecho, los conflictos continuaron a través de las deposiciones papales y excomuniones imperiales: en 1084 el emperador avanzó sobre roma y proclamó un antipapa; el reinado de Enrique V también se vio dificultado por la oposición del Papa y parte de la aristocracia germánica.

Finalmente, a través del Concordato de Worms (1122) se acordó que la investidura la realizaría alguien de la Iglesia, pero estará presente el emperador. Si bien esto significó el fin de estas hostilidades, no fue el final de los conflictos. En el futuro, ambos poderes (Papado e Imperio) intentaron influirse mutuamente hasta que en 1356 fue aprobada la llamada Bula de Oro, por el sello de oro que tenía, a partir de la cual los emperadores debían ser electos en Fráncfort, por siete príncipes electores, cuatro laicos y 3 eclesiásticos. La Dieta formada por príncipes electores, señores y ciudades, de aquí en más vigilarían a los emperadores, que se convirtieron en verdaderas figuras decorativas.

La Edad Moderna y el final del Imperio ³

El Sacro Imperio constituyó un espacio muy problemático y disputado a lo largo de la historia de la Europa Moderna. Por ello, vale destacar, que fue escenario de grandes y complejos procesos históricos como: La Reforma Protestante, La Guerra de los Treinta años, La Guerra de los Siete años, etc. Sin embargo, con la emancipación de las ciudades italianas, el poder imperial se fue diluyendo a lo largo de los siglos y el Imperio se disolvió en 1806, cuando las fuerzas napoleónicas vencieron ante el emperador Francisco II.

Bibliografía

¹ -García de Cortázar, José Ángel; Sesma Muñoz, José Ángel. Manual de Historia Medieval. Alianza Editorial, Madrid, 2014

² -Kinder, Hermann; Hilgemann, Werner. Atlas Histórico Mundial I. Madrid, 2006.

³ –Ribot, Luis. La Edad Moderna (siglos XV-XVIII). Marcial Pons, Ediciones de Historia, S.A, Madrid, 2017.

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Matías Dotto

Historia - Universidad Nacional Tres de Febrero. Instituto de Estudios Históricos - UNTREF.

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