Licurgo de Esparta

Licurgo fue el legislador más importante de la historia de Esparta, en la antigua Grecia, a quien se le atribuye la creación de la constitución espartana que fue conocida como la Gran Retra. Adicionalmente, fue discípulo de Platón y de Isócrates.

Según algunos historiadores, lo más correcto es decir que Licurgo fue amigo y defensor del pueblo y de Atenas (¹)

Escultura de Licurgo. Imagen extraída de depositphotos

Pese a los antes dicho de este personaje, es muy poco lo que se sabe ciertamente, puesto que se desconoce exactamente el momento en que vivió (algunos registros indican que vivió entre el siglo XII y VI a.C). Sin embargo, es más preciso afirmar que dicho legislador podría haber vivido entre los siglos VII y IX a. C.

Muchos historiadores de la antigüedad, como Heródoto, Plutarco, Platón y Jenofonte lo han citado, aunque se cree que dicho nombre tampoco es el correcto. De este modo, algunos afirman que este era un apodo en función de los logros que realizó para Esparta.

Licurgo estableció un cambio absoluto en la forma de vida de los espartanos. Dichas transformaciones fueron tanto políticas como sociales. Según Plutarco, Esparta vivía una especie de anomia social, desorden y descontento que, con la implementación de la constitución espartana (es decir, la Gran Retra) logra restablecer el orden. Sin embargo esto no se consiguió sin disturbios y descontentos por parte de la clase adinerada de Esparta que veía con ojos reacios dichas transformaciones, puesto que harían que estos perdieran dinero y poder.

No obstante, Licurgo se ganó el respeto de los espartanos pues sentía un profundo afecto por el pueblo, deseando la felicidad del pueblo.

En pocas palabras, su idea cambió constumbres sociales de raíz. En palabras de Plutarco:

En definitiva, acostumbró a los ciudadanos a no querer ni saber vivir en privado (κατ’ ἰδίαν) sino a, estando unidos (συμφυεῖς) en comunidad (τῷ κοινῷ) como abejas, aglomerados unos con otros (μετ’ ἀλλήλων εἱλουμένους) alrededor del gobernante, no necesitar nada, abandonándose a ellos mismos por el entusiasmo y el deseo de honor, y ser por completo de la patria (πατρίδος). (25.3)

¿Quieres saber en detalle quién fue Licurgo de Esparta y porqué es recordado? Te contamos todo lo que tienes que saber de este personaje de la historia antigua en las próximas líneas.

Licurgo. Pintura-de-Merry Joseph Blondel 1828. Imagen extraída de «El reto histórico».

¿Quién fue Licurgo?

Licurgo era hijo de Dionasa (su madre) y de Eunomo, su padre (rey de Esparta) y medio hermano de Polidecto o Polidectes. Esto hacía que Licurgo sea el segundogénito, dejando la herencia del trono a su medio hermano quien tras el reinado de Eunomo asume como Rey de Esparta.

Tras morir Polidecto, su esposa (es decir la cuñada de Licurgo) le ofreció que se casase y reinase junto a ella. Sin embargo, este rehúsa dicho ofrecimiento.

Tras la muerte de su esposo y por ley espartana, la viuda descubre que está embarazada de su difunto esposo, razón por la cual, quien debería heredar el trono es el hijo que ella llevaba en su vientre (si este nacía varón). Pero su madre no quería dejar de ser reina, por lo que habló con Licurgo manifestándole que mataría a su propio hijo si él la aceptaba con su esposa y reina.

Licurgo engaña a la reina expresándole que él mismo se desharía del bebé, pero tras nacer solicita que el bebé (a quien llamará Carilao) sea llevado ante su presencia para ser cuidado por él mismo, quien preservó su trono hasta que tuvo la edad suficiente para asumir el trono en el año 871 a. C .

Licurgo elevó al niño que aún estaba sucio con placenta del nacimiento y dijo: “Alégrense espartiatas, pues un rey les ha nacido”(²).

Los rumores de Leónidas

Leónidas era el hermano de la viuda de Polidecto. Este fue quien hizo correr el rumor que decía que Licurgo tenía planeado asesinar a su sobrino. Por este rumor y para no ser responsable si algo malo le pasaba a su sobrino, Licurgo decide renunciar a la tutoría de este y partir de Esparta para no regresar hasta que su sobrino tuviera ya descendencia.

¿Cómo era Esparta en aquel momento?

Esparta se caracterizaba por ser una ciudad decadente y en ella reinaba el caos. El pueblo no respetaba las autoridades. De hecho, el mismo Eunomo es asesinado con un cuchillo por la espalda tras intervenir en una disputa callejera.

Los viajes de Licurgo

Tras partir de Esparta, Licurgo visita la ciudad de Creta. Él descubrió que esta isla (que era considerada como atrasada para la época) solo se mantenía al margen del resto de los helenos. Posteriormente, viajó a Jonia. De ahí, poco y nada pudo rescatar de las leyes con las que se regían . Dicen que más tarde visitó Egipto, lugar en donde quedó maravillado por la separación de la clase guerrera y los artesanos. De este modo, Licurgo se prometió que si algún día regresaba a Esparta convencería al pueblo para que adoptase una organización similar a la que observó allí.

La Constitución de Esparta o La Gran Retra

Al regresar Licurgo a Esparta, se encontró con varios descontentos y muchos indiferentes. En este momento, Licurgo comprendió que debía tomar medidas extremas, aunque a muchos no les gustase esta idea.

Sin embargo, él no quería hacer nada que fuese en contra de la voluntad de los dioses. Por esta razón, Licurgo viajó al Oráculo de Delfos en busca de una respuesta. En este santuario, la sacerdotisa lo declaró «más Dios que hombre«. El oráculo, además, le dictó las leyes de lo que se llamaría Gran Retra.

La Gran Retra – Imagen extraída de Wikipedia.org

Al regresar Licurgo comienza a buscar adeptos para su transformación. Entre los hombres que le apoyaban se encontraba Artmíadas, un noble que se destacaba de entre los 30 que apoyaban las ideas de Licurgo.

De esta forma, se repartieron armas y se lanzaron a la toma de la plaza fuerte de la ciudad. Cuando su sobrino se enteró del levantamiento armado, corrió a esconderse por temor. Finalmente Licurgo consiguió la dominación del pueblo.

Principios fundantes de las reformas

  1. Subordinación de los intereses privados al bien público (redistribución de la tierra).
  2. La educación de los jóvenes estaba encomendada al Estado. La educación debía basarse más en relación con la disciplina y la resistencia.
  3. Austeridad en la vida privada. Él especificaba que esto se podía resumir considerando 3 aspectos: amor hacia la patria, menosprecio de la riqueza (para lo cual revalorizó el hierro en desestimación del oro y de la plata) y buena educación.
  4. Instauración de banquetes comunales. De este modo, pretendía hermanar a los espartiatas entre sí.
  5. En relación a las mujeres, lejos de que estas permanecieran en sus hogares, les instó para que se entrenaran en carreras y competiciones, dado que de esa forma podrían engendrar hijos fuertes.
  6. Respecto del matrimonio, estableció que los hombres debían verse con sus esposas de forma reducida. De este modo, el deseo crecería y los encuentros serían más fecundos.
  7. Esta ley establecía que tras un nacimiento de un niño, el padre debía llevarlo ante un grupo de ancianos quien determinaría la vida o no del recién nacido. Esto dependería de si el bebé nacía sano y robusto o enfermo y deforme.
  8. Tras cumplir los 7 años, los niños dejaban sus familias para trasladarse a los cuarteles, lugares donde compartían su crianza junto a otros niños. Para Licurgo, los jóvenes debían pasar hambre o cualquier otra necesidad a fin de valorar y aprender a abastecerse en sus propias necesidades.(³)

El discurso educativo: de niños a guerreros

Los métodos de Licurgo eran, sin dudas, muy diferentes a los que los espartanos estaban acostumbrados. Para ejemplificar la importancia que él le atribuía a la educación, hay un discurso que ejemplifica dicha posición:

Los perros de Licurgo

Los perros de Licurgo. Imagen extraída de nuevatribuna.es

Un día Licurgo fue invitado en cierta ocasión a hacer una exposición teórica sobre la educación. El sabio aceptó la invitación, pero pide un plazo de seis meses para preparar la materia que habría de desarrollar en su disertación.

Tal requisito causó gran extrañeza entre los solicitantes, pues todos sabían de su capacidad y condiciones de hablar en cualquier momento y cobre cualquier tema o asunto, aunque fuese de manera improvisada. Por eso mismo, lo habían invitado.

Transcurridos los seis meses, Licurgo compareció ante la asamblea. Todo era expectación. Los asistentes sabían que no iba a defraudarlos. Se ubicó el sabio en la tribuna y, a una orden suya, entraron de inmediato varios criados portando cuatro jaulas, en cada una de las cuales había un animal: dos liebres y dos perros, todos separados.

A una señal previamente establecida, uno de los criados abrió la puerta de una de las jaulas y una pequeña liebre, blanca, salió corriendo espantada. Luego, otro criado abrió la jaula en la que había un perro, que salió en desesperada carrera a la captura de la liebre. La alcanzó con la destreza que cabe a un galgo lebrero, destrozándola rápidamente.

La escena fue dantesca. Los corazones parecían saltar del pecho. La violencia con que el perro había dado zaza y destrozado a la liebre, había golpeado ciertamente la sensibilidad de todos los allí presentes. Nadie conseguía entender lo que Licurgo pretendía con la exhibición de tal agresión

Mientras los miembros de la asamblea se debatían en una mezcla de perplejidad y conmoción, Licurgo permanecía en silencio. De su boca no salía palabra alguna. Se limitaba tan solo a observar atentamente a la concurrencia.

Ante el asombro de los asistentes, vuelve a repetir la señal establecida y la otra liebre es liberada. Tras lo cual, manda soltar el otro perro. El público apenas contenía la respiración. Los más sensibles llevaron las manos a los ojos para no ver la repetición de la muerte bárbara del indefenso animalito, que corría y saltaba.

En el primer instante, el perro embistió a la liebre. Sin embargo, en vez de destrozarla, la toca con la pata y ella cayó. Luego, le ayuda a ponerse de pie y se pone a jugar. Para sorpresa de todos, los dos demostraron una tranquila convivencia, saltando de un lado para otro.

Entonces, y solamente entonces, Licurgo habló.

“Señores, acaban de asistir a una demostración de lo que puede la educación. Ambas liebres son hijas de la misma matriz, fueron alimentadas igualmente y recibieron los mismos cuidados. Así, igualmente, los perros. La diferencia entre ellos reside, simplemente, en la educación” ()

División sociopolítica de Esparta

Organización sociopolítica de Esparta. Cuadro extraído de www.nuevatribuna.es

La astucia de su plan

Tras las reformas impuestas por Licurgo, pronto aparecieron las oposiciones. De hecho, Jenofonte describe a estas prácticas como repugnantes, en especial la mirada hacia la mujer, puesto que se la consideraba (hasta el momento) como una posesión más que no tenía derecho, ni voluntad propia.

Aquellos que antes habían gozado de prestigio y poder no estaban dispuestos a ceder dichos beneficios o permitir, por ejemplo, que sus mujeres se ejercitaran de forma libre.

Los disturbios y descontentos pronto se organizaron para atacar a Licurgo. Ante estos hechos, Licurgo logra escapar, pero uno de los opositores de nombre Alcandro le encontró y logró arrancarle un ojo con un bastón.

Tras estos hechos, Licurgo resiste cubierto de sangre hasta que llegan sus simpatizantes. De este modo, detienen a Alcandro pero Licurgo no toma represalia contra este. Por el contrario, lo acoge y le enseña a vivir con sencillez.

Se cree que los opositores espartiatas se apiadaron de los actos hechos contra Licurgo y pronto se unieron a él tras ver su bondad y grandeza.

Licurgo nunca ostentó ni ocupó un cargo de honor dentro de Esparta. Sin embargo, este era consultado con frecuencia para recibir consejos de él.

Licurgo y los primeros juegos olímpicos

En cierta oportunidad, Licurgo recibió a los allegados del Rey Ifito. Ellos le pidieron que les ayudara a refundar los juegos atléticos en el santuario de Olimpia. Licurgo viajó a dicho lugar y, junto al rey. refundaron los Juegos Olímpicos en el año 776 a. C.

La muerte de Licurgo

No se sabe, ciertamente, si la historia que se relata es correcta pero se dice que, ya de mayor, reunió a ancianos y les dijo que acudiría a Oráculo para determinar si las leyes eran correctas o si debía cambiarse algo de lo empleado hasta el momento.

Antes de retirarse, les pidió e hizo jurar a todos los espartiatas que seguirán con sus leyes hasta que él regresase. Tras llegar el Oráculo le responde que no solo las leyes se estaban empleando adecuadamente sino que, de seguir así, Esparta una ciudad muy próspera.

Tras recibir esta respuesta, Licurgo hizo que se retirasen los hombres que le acompañaros, incluido su hijo. Según se cuenta en las obras de Plutarco “Vidas Paralelas”, Licurgo marcha hacia Creta, lugar en donde decide quitarse la vida en nombre de Esparta.

Respecto de lo que ocurrió con su cuerpo luego de su muerte, no es (tampoco) del todo preciso, pues se cree que él mismo pidió que se echasen sus cenizas en el mar, puesto que temía que, si su cuerpo regresaba a Esparta los lacedomonios podrían romper su promesa y dejar de cumplir con las leyes de la Gran Retra.

No cabe dudda que su visión, entereza e integridad marcaron un antes y un después en la vida de lo lacedomonios, dejando un legado que se recuerda hasta la actualidad por sus normas y leyes que cambiaron el rumbo de la historia de Esparta.

Bibliografía

¹– Sapere, Analía. El hombre detrás de la ley: acerca de la caracterización de Licurgo en la vida de Plutarco.

²– Plutarco. Vidas Paralelas. Recuperado el 3 enero 2023 de https://www.imperivm.org/vidas-paralelas-licurgo-por-plutarco

³– Licurgo de Esparta. Recuperado el 3 enero 2023. Extraído de: https://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura—ocio/licurgodeesparta-grecia-esparta-antiguagrecia-historia-cultura/20200608155726175871.html

– Fernández, Joaquina. La educación y sus beneficios (166) 20 enero 2010. Recuperado de: http://joaquinafernandez.com/la-educacion-y-sus-beneficios-166/

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