Califato Abasí

El Califato Abasí (750-1258) es un periodo del Islam clásico caracterizado por el gobierno de la dinastía de los Abbasíes. ¿Qué sucedió en aquellos años? ¿Qué personajes históricos se destacaron? ¿Cómo se organizó el mundo Islámico? ¡A continuación les brindaremos más detalles sobre este periodo y sus respectivos califas, acompáñennos!

Antecedentes ¹

El triunfo de los sublevados contra el régimen Omeya en 750 abrió el acceso al califato de una nueva dinastía, la de los Abbasíes, que lograron mantenerse en el poder hasta 1258, momento en que la capital fue tomada por los mongoles y fue asesinado el último califa Abasí.

Los triunfadores del año 750 se presentaron, ante todo, como un instrumento de Alá para devolver al Islam la igualdad universal de los creyentes que los Omeyas había hecho desaparecer en beneficio de los árabes y, principalmente, de su clan. De esta forma, frente a la antigua «monarquía árabe«, los Abbasíes proponían un «Imperio islámico», cuya legitimidad se basa en la pertenencia de los nuevos gobernantes al linaje de Al-Abbas, tío de Mahoma y, sobre todo, en la recuperación del valor de la jefatura religiosa del título califa.

Desde ese momento, el califa buscó figurarse como jefe de los creyentes y cabeza de la comunidad de fieles islámicos, igualados por una religión universal. Sin embargo, la igualdad religiosa tenía su manifestación política, ya que los fieles eran, al mismo tiempo, súbditos de un único autócrata. Una de las medidas primordiales de la nueva dinastía fue trasladar la capital islámica de Damasco hacia el este, en Bagdad.

La administración ²

Las primeras medidas de los abbasies dejaron ver, rápidamente, dónde iban a radicar algunas de sus dificultades para mantener una estructura políticamente unitaria. Por un lado, existió un fortalecimiento de poderes regionales e incluso comarcales y locales en un imperio de una desmedida extensión. Por el otro, la multiplicidad de poderes que surgieron en la capital imperial por exigencias de su administración. Finalmente, tuvo lugar la traducción a términos religiosos de muchos de los enfrentamientos políticos dentro del imperio.

El afianzamiento de poderes regionales fue una consecuencia de la homogeneidad territorial, social, religiosa y cultural de cada una de sus áreas con respecto al intento de centralidad del conjunto. Se puede decir que por historia y geografía se fueron estableciendo, dentro del espacio islámico, tres grandes conjuntos territoriales: El Oriental, constituido por lo que hoy es Irán; el Central, conformado por Arabia, Siria, Egipto y la Mesopotamia; y el Occidental, integrado por Al-Ándalus, Ifriquiya y el Magreb. Cada una de estas regiones poseían su propia personalidad y su capacidad de oposición al poder central.

Califato Abasí
Extensión del Califato Abasí hacia el 820. Extraído de Wikipedia

De hecho, la titularidad de un único poder en la persona del califa fue una mera ilusión que únicamente tuvo una función religiosa hasta mediados del siglo X. Para ser más exactos, el gobierno y la administración se ejercieron a escala mucho mas regional. En 756, el último omeya superviviente mantuvo su propio califato de manera prácticamente independiente en Al-Ándalus. Por otra parte, en las regiones de Arabia, Siria y Mesopotamia había zonas que se desvinculaban del gobierno central y formaban emiratos independientes.

La multiplicidad de poderes en Bagdad

Se puede detectar dos principales poderes en la capital islámica. Por un lado, el palacio califal de Bagdad, el cual se tornó en un mundo de poderes privados, en que las reinas madres y las favoritas fomentaban un ambiente en que toda intriga prosperaba. Del otro lado, con residencia en la misma ciudad-palacial del califa, los órganos de gobierno de un Imperio centralizado y con alto grado de burocratización. Sus organismos o diwan (hoy lo llamaríamos ministerios) seguían siendo los de época omeya: diplomacia, hacienda, correo, pero el número de funcionaros había crecido notablemente. El poder que alcanzaron algunos secretarios o katib que se hallaban al frente de los organismos y, sobre todo, el visir (jefe de todos ellos y cabeza de la administración imperial) fue tan grande que llegaron a conformar una especie de «dinastía» también.

El antiguo principio de unidad de poderes impuesto por Mahoma se sustituyó por un reparto de los mismos. El religioso se reservó a los califas, el político se atribuyó al gran visir, el judicial al gran cadí de Bagdad y el militar al emir jefe del ejército.

Gran Mezquita de Samarra
Fotografía actual de la Gran Mezquita de Samarra, Irak, una de las obras arquitectónicas más conocidas del Califato Abasí. Extraído de Destinoinfinito

La oposición política y religiosa

Los conflictos internos, producto de los diversos poderes regionales, constituyeron una consecuencia inevitable de la concepción de autoridad en la sociedad islámica. Si bien Mahoma, en forma poética, había propuesto organizar un orden social acomodado a una Ley de Alá, , no había ninguna ley ordenada de forma sistemática. Por ello, se necesitaba una constante interpretación de los escritos para resolver casos concretos que, a medida que pasara el tiempo, vaya creando una jurisprudencia a la cual recurrir. Este simple hecho basta para explicar que, dentro del Islam, cada movimiento religioso pudiera proponer su interpretación de la Ley y, acto seguido, la construcción de normas jurídicas.

Se puede localizar cuatro grandes escuelas fundamentales de interpretación de la Ley:

  • La Malikí, de Medina, predominante en Al-Ándaluz y el Magreb.
  • La Hanafí, de Kufa, con implantación en Irán y Mesopotamia.
  • La Safí, de Fusat, muy difundida por Arabia, Siria y Egipto.
  • La Hanbalí, de Bagdad, con seguidores en el área central del califato.

La difusión de las escuelas vino a reforzar las distinciones políticas, étnicas, culturales y sociales de los diferentes espacios del Imperio islámico de los abbasíes.

La fragmentación política y la crisis del califato Abasí ³

El largo proceso de crisis que atravesó el Califato Abbasí desde la muerte del califa Harún al-Rashid en 809, con quien el reinado Abasí llegó a su periodo de máximo esplendor, estuvo marcado por la pérdida del control político por parte de los califas y la aparición de movimientos de reivindicación social que afectaron, sobre todo, las áreas central y oriental del Imperio.

La pérdida del poder político tuvo sus raíces en el tamaño desmesurado de la corte y de la administración central del Imperio. En efecto, para lograr su propia superviviencia en una corte repleta de traiciones e intrigas, los califas ampliaron el número de esclavos mercenarios a su servicio. Esto generó el fortalecimiento del poder militar califal de origen turco, los famosos mamelucos, que acabó relegando al monarca a su papel exclusivamente religioso y ampliando el del diwan militar (jefe militar) y los gastos palaciales. Esto provocó un incremento de la burocracia y los servidores, los cuales reclamaron una recaudación tributaria más exigente, que el poder central encargó a los gobernadores regionales.

Desintegración del Califato Abasí
Desintegración del poder político del Califato Abasí. Extraído de Wikipedia.

La formula utilizada por estos fue ceder a los grandes propietarios y, en especial, a los jefes mercenarios el derecho temporal a percibir los impuestos generados en las tierras aquellas que inicialmente habían estado sujetas al tributo territorial porque sus propietarios no eran musulmanes. Desde un punto de vista jurídico, esta concesión, llamada iqta, no suprimía la titularidad anterior de la propiedad, ya que lo único que hacia la administración central era transferir a un particular los derechos que tenía sobre ella. Sin embargo, con el tiempo facilitó el acceso al control practico de la propiedad. Gracias a ello, los miembros de las milicias califales se introdujeron en la aristocracia terrateniente y, con el resto de esta, presionaron directamente sobre el campesinado que se vio implicado en procesos de encomienda privada de los poderosos.

en este contexto de debilidad política y desprotección social, tras el asesinato del califa Al-Mutawakkil en 861 dio pie a unas cuantas dinastías de gobernadores para sustituir la autoridad califal por la suya propia en aquellas regiones orientales del imperio donde todavía quedaban huellas de la misma.

En el año 936 un jefe militar turco se impuso en Bagdad como emir de los emires y arrebató definitivamente la autoridad política al propio califa, que quedó en manos de una especia de mayordomos de palacio. Estos, por su parte, hubieron de conformarse con ejercer su poder exclusivamente en el área mas próxima de la capital y, como mucho, en Irak y la parte occidental de Irán. fuera de esa zona, hacia tiempo que la autoridad se había distribuido ya en múltiples células que solo ocasionalmente se organizaban de forma más jerárquica.

En el tránsito de los siglos IX a X, la intensidad de la crisis social, con su traducción en términos religiosos, animó a algunos gobernantes regionales a desvincularse del único califa no sólo desde el punto de vista político, sino también religioso. Durante el siglo x, las secesiones de solidificaron en torno a dos puntos: Córdoba y El Cairo. Junto al de Bagdad, aparecieron dos nuevos califatos independientes. De esta forma se inauguró el periodo islámico conocido como el de Los Tres Califatos.

 Bibliografía

¹ -García de Cortazar, José Ángel; Sesma Muñoz, José Ángel. Manual de Historia Medieval. Alianza Editorial, Madrid, 2014.

² -Hourami Albert. La historia de los árabes. Sipan Barcelona Network S.L. 2017.

-Kinder, Hermann; Hilgemann, Werner. Atlas Histórico Mundial I. Madrid, 2006.

³ – García de Cortazar, José Ángel; Sesma Muñoz, José Ángel. Manual de Historia Medieval. Alianza Editorial, Madrid, 2014.

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Matías Dotto

Historia - Universidad Nacional Tres de Febrero. Instituto de Estudios Históricos - UNTREF.

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